Parece ser que la discusión sobre la reconstrucción se ha planteado únicamente desde la perspectiva de cuántas casas se han construido: incluso las protestas contra el gobierno han sido guiadas por la lentitud en el proceso de reconstrucción, olvidando tal vez lo más importante, que es la existencia de un plan para rehabilitar las zonas afectadas.
A tal punto ha sido olvidado este antecedente de crucial importancia que Patricio Zapata, en una columna de El Mercurio hizo un paralelo entre la reconstrucción luego del terremoto de 1939 y la actual, señalando los logros de la primera de acuerdo a las fechas de entrega de las obras públicas, en vez de señalar lo más importante: la existencia de un gobierno que buscó apoyos transversales para lograr no sólo reconstruir lo ya existente, sino además aprovechar la coyuntura para implementar planes de desarrollo.
La circunstancia es lamentable. La política partidaria chilena en algún momento parece haber comenzado a ver los árboles en vez del bosque, como podemos ver en las reconstrucciones posteriores a los terremotos de 1960 y 1985: Valdivia perdió la mayor parte de su industria y comenzó un declive pronunciado que aún no ha podido ser repuesto (y lo peor, las soluciones parciales han pasado por establecer proyectos que en otra parte no se hubiesen podido construir, como es el caso de CELCO); y Valparaíso pura y simplemente tocó fondo en 1985, transformándose en un fantasma de sí mismo, cosa que recién vino a cambiar con la promoción de la industria turística derivada de la declaración de Patrimonio de la Humanidad (o sea, ni siquiera fue un esfuerzo del Estado!).
La reconstrucción debe ser abordada incluso con mejor perspectiva que aquella de 1939, sabiamente llevada por los gobiernos radicales, que impulsaron la creación de industrias en la zona (como la Azucarera Nacional y la usina de Huachipato). No podemos seguir pensando en que esfuerzos aislados del Estado, destinados a una mera política asistencial, pueden contrarrestar los efectos de un cataclismo de este tipo, es necesario un acuerdo país para aprovechar una crisis de este tipo y transformarla en una oportunidad de mejorar la infraestructura productiva de las regiones afectadas.
No es que no hayan habido errores en los procesos de reconstrucción ni que éste se haya desarrollado con la celeridad adecuada. Menos aún, que no importe en realidad otorgar solución a quienes hayan perdido sus seres queridos, sus trabajos o sus herramientas para desarrollarlo; sino que se necesita un liderazgo y una visión de país respecto de este problema: nadie ha planteado seriamente, en circunstancias que se habla de crisis energética, de realizar inversiones en energías renovables no convencionales en las regiones afectadas, necesitadas de proyectos de esta naturaleza, capaces de absorber mano de obra, de proveer de empleos de calidad y de calificar capital humano.
Pero al parecer seguiremos discutiendo -por su gran relevancia- que el presidente se haya equivocado en su discurso.
A los pocos días del terremoto, cuando se hablaba de levantar el país, con Esteban pensamos que la oportunidad de reconstruír abría la posibilidad de construír un país mejor, y nos referíamos a lo que tu mencionas, no sólo poner en pie una media agua.
ResponderEliminarLamentablemente los hechos demuestran lo contrario, un Gobierno altanero, ciego a lo que clama la gente en los pueblos barridos por el maremoto. Y para colmo, una oposicion inquisidora, agotando sus fuerzas criticando la forma de gobernar, pero con esaco aporte, desperdiciando la oportunidad de fortalecerse dentro de si misma y recurriendo al error del otro.
Que pena como van las cosas.
Mel